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«Quizá algunos me hayáis oído decir que una de las cosas que más me gusta de nuestro trabajo es el hecho de acompañar a las personas en momentos importantes de su vida.

Acompañamos en momentos felices pero también queremos poder acompañaros en los momentos más duros. Tristes. Como cuando damos el último adiós a nuestros seres queridos. Y también lo hacemos con flores. Y, a ser posible, con flores bonitas. Tan bonitas como para una boda. Porque las flores, bien escogidas, sirven para decorar una boda, un cumpleaños y un funeral. No hay ninguna necesidad de tener flores feas nunca.

Cuando murió mi abuela Angélica -mi madrina, mi madre española, mi guía-, yo trabajaba en un banco en la Plaza de Colón. Cuando salí del banco camino del cementerio compré en el kiosco de flores que había en la puerta todas las peonías que tenía. Todas. Y se las puse tal cual, hechas un ramo, a su lado. Ella lo hubiera apreciado, y yo me quede tranquila porque se iba bien acompañada.

Eso me inspiró a tratar, dentro de mis posibilidades, de ayudar a todo el que quiera a despedir a sus seres queridos con las flores más bonitas posibles.

¡Y en eso estoy!»

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